CÓDIGO ÓPTICO. 

Dialéctica lumínica

 

La presente exhibición reúne la producción más reciente de Christian Riffel y David Petroni. Dos artistas con amplia trayectoria en el arte urbano, que en esta oportunidad presentan sus obras de taller, en las que la búsqueda está dada por una fuerte reflexión sobre la propia práctica y la experimentación con nuevos materiales. Las obras que aquí pueden verse han sido especialmente creadas para esta muestra en las que aparecen formas inéditas de crear para ambos artistas, en una serie de piezas lumínicas y que se expanden hacia el espacio expositivo, creando una suerte de instalación site specific a dúo.

 

La génesis de esta exhibición está dada no sólo por compartir ideas artísticas y estéticas afines entre ellos, sino también por coincidir en el mismo espacio físico de trabajo. Si bien se conocen desde hace varios años y han coincidido en trabajos puntuales con anterioridad, sobre todo pintando murales y en proyectos de arte urbano, desde hace algunos meses comparten un ámbito no sólo de labor sino de reflexión y pensamiento. Las charlas alrededor del quehacer cotidiano fueron generando un flujo de conversaciones sobre el oficio artístico, los procesos creativos y el arte en general, que dio por resultado las ganas de exhibir de manera conjunta, y pensando varias de las obras que aquí se exhiben de manera dialogada, enriqueciendo aún más cada propuesta.

 

Sus respectivas búsquedas artísticas están emparentadas por la creación a través de un lenguaje geométrico pero con especificidad propia. Un tema central para ambos es reflexionar sobre la percepción visual, creando efectos ópticos en sus composiciones, en donde la luz y la sombra son protagonistas. Otra pregunta recurrente es acerca de la necesidad en el espectador de encontrar en las obras un significado, una narrativa. La pintura en sí misma es un lenguaje, y podría decirse que tanto Riffel como Petroni, se sirven del lenguaje pictórico para crear un código propio anclado en formas geométricas y en el color. Como sostiene Gilles Deleuze, [la pintura abstracta] es una pintura de código, es la invención de un código propiamente pictórico, que no existe más que en la pintura y que no existe sino en la medida en que es inventado. […] pintar sería inventar […] un código propiamente óptico. Según el autor, en la pintura abstracta, y más en la pintura geométrica, la idea de un código óptico, está profundamente arraigada en la constitución misma de cada obra, y cada artista desarrolla el suyo propio. 

 

En las obras de Christian Riffel aparece de manera muy evidente el caos y la vorágine de la vida contemporánea, sus composiciones llenas de movimiento y vectores en tensión, trasmiten ese vértigo de la vida actual. Sin embargo, desde sus títulos habla de la necesidad de ser más reflexivos, tener momentos de calma, de silencio, mantener una actitud contemplativa. Sus composiciones son como espacios estallados, fragmentados, construidos a partir de formas circulares, en donde las líneas parecen crecer y expandirse a un ritmo radial, expandido y expansivo. Predomina en ellas una superposición de planos arquitectónicos que generan confusión permanente entre adelante y atrás, todo parece moverse constantemente, lo que transmite una sensación de inestabilidad bastante inquietante.

 

Entre sus obras más recientes se encuentra un conjunto de objetos lumínicos y escultóricos, que parecen desprenderse de sus obras pictóricas y dibujos. Aquí la relación con obras anteriores está dada por el interés en la proyección de sombras. Como si fragmentos o detalles de sus pinturas se independizaran y se expandieran al espacio expositivo, cobrando una corporeidad propia. En éstas, a su vez, aparecen nuevos medios de expresión, nuevos materiales como papeles calados y superpuestos, cajas de luz, estructuras de madera, espejos. 

 

La búsqueda formal y estética de David Petroni está basada fundamentalmente en un profundo estudio del color, y como éste interviene en la construcción espacial de la obra y en la percepción visual. Sus obras son creadas en un exquisito repertorio cromático brillante y vivaz, en donde predominan las líneas rectas, brindado a sus pinturas gran simetría y estabilidad, pero a la vez, creando juegos de planos que generan volumen y un espacio altamente inmaterial. Entre sus principales preocupaciones a la hora de crear se encuentra la luz, la que también está dada a través de los juegos de colores y transparencias. 

 

Su producción más experimental se refiere a un conjunto de obras que trabajan con la luz real, y como ésta incide en sus esculturas de acrílico. En éstas la luz parece desmaterializar las estructuras, donde se percibe un juego entre lo sólido y lo inmaterial, algo que Petroni investiga desde hace tiempo, en un punto de encuentro con la física cuántica. En estas piezas también la transparencia refuerza la idea de vacío y de espacio inasible, generando por momentos planos profundamente asimétricos según el punto de vista que se adopte frente a la obra. A la vez que generan proyecciones de luz coloreada que avanzan sobre el espacio.

 

Las obras lumínicas puestas en escena como un todo, generan una intervención site specific a dúo donde luces coloreadas y sombras proyectadas convierten al espacio en un ámbito lúdico y de experimentación. Si bien la manufactura de cada pieza está elaborada con gran detalle, lo material no es lo central, el interés está puesto en su interacción con el espacio, y en cómo son apreciadas y percibidas por los espectadores. No es casual que dos artistas geométricos expandan sus horizontes creativos hacia lo lumínico, esto los conecta con una larga tradición de grandes maestros del arte óptico y cinético, como Carlos Cruz Diez, Marta Boto, Julio Le Parc, François Morellet, Eduardo Mac Entyre y otros. Las propuestas de Riffel y Petroni demuestran que estas tendencias de vanguardia siguen vivas y en plena vigencia, a la vez que permiten ser enmarcadas dentro de lo que Elena Oliveras denominó neocinetismo óptico, surgido en la década del 90.

 

Código Óptico. Dialéctica lumínica, invita a apreciar dos producciones artísticas en diálogo, que se complementan y se potencian. Asimismo, brinda la posibilidad de experimentar, de maravillarse con obras llenas de luz y color. Estas obras invitan a moverse frente a ellas, acercarse y alejarse, a dejarse asombrar y descubrir los diferentes efectos y sensaciones que causan, recorriendo con los ojos cada detalle. En definitiva estas obras permiten conocer un nuevo lenguaje, un código en el que el entendimiento se desplaza dejando paso al disfrute.

 

 

 

 

Luciana García Belbey

 Delueze, Gilles; Pintura: el concepto de diagrama, Buenos Aires, Cactus, 2007, p. 120